Pequeños milagros del día a día

La tradición del pan recién horneado es una digna rutina de repetición. Cuando Alain Coumont decidió abrir su panadería, necesitaba decidir el nombre. Recordó a su padre reclamar “moi, ce n’est pas mon pain quotidien” traducido literalmente “no es mi pan de cada día”. Alain supo que colgar sobre la puerta de su panadería. Bienvenido a Le Pain Quotidien, “el pan diario”, donde el pasado encuentra el presente y el futuro es hoy. 

Una tradición familiar

Alain Coumont aprendió el arte de hornear cuando tan solo era un niño. Siendo demasiado pequeño para alcanzar el mostrador, su tía Simone acercaba una silla para que Alain se subiera y así pudiera verla preparar la masa para el pan. Los domingos horneaban no sólo hogazas, sino también una docena de tartas. 

La familia Coumont
Alain con su hermano mayor

Su gusto por hornear felicidad tiene tantos años como su legado familiar. Los abuelos por parte de madre de Alain eran propietarios de un restaurante cerca de Liège en Bélgica y también su padre se formó como cocinero. Alain estudió en la misma escuela de hostelería a la que asistió su padre en Namur, Bélgica y siguió sus pasos hasta que estuvo preparado para escribir su propia historia.  

La perfección imposible magistralmente dominada

Siendo un joven chef en Bruselas, Alain probaba y buscaba el pan fuese como el que recordaba de su infancia. Volver una y otra vez con las manos vacías fue quizás el resultado más afortunado, ya que Alain comprendió que la única manera de satisfacer su anhelo por el pan rústico de su juventud era crearlo el mismo desde la memoria. Y así, nació Le Pain Quotidien de la búsqueda por el auténtico sabor familiar.

El primer Le Pain Quotidien

16 Rue Dansaert Bruselas, Bélgica

El primer Le Pain Quotidien abrió sus puertas en 1990 en Bruselas, y en unos pocos meses, abrieron 10 locales más, todos ofreciendo los clásicos panes rústicos con los que creció Alain. Siete años más tarde, el sueño de Alain por llegar a Estados Unidos se realizó con la apertura de una panadería en Madison Avenue en Nueva York. A día de hoy, su visión de pan tradicionalmente elaborado y recién horneado se ha convertido en una tradición para los vecinos y amigos de más de 200 locales de Le Pain Quotidien alrededor del mundo.

 “Mi idea era sencilla: tener un lugar donde me puedo sentir como en casa...fuera de casa"

Alain